Diario de grabación
Un soplo de movimiento. La secuencia llega con cada encargo.
Un poco de movimiento, ya cerrado, que cabe en la palma y se queda un segundo más de lo debido.
La misma escena, mirada varias veces. Cada pantalla es un paso, como pasar la hoja sin soltar el hilo.
Una imagen que vive lo que vive el día: se abre con la mañana y por la noche ya es recuerdo.
Una sola toma, quieta, con el acabado de algo que se quiere volver a mirar.
La imagen que abre la puerta. Lo demás de la temporada entra detrás de ella.
Diario de grabación
Un día en el lugar, con la luz que haya y con lo que el oficio deje sobre la mesa.
El mes, escrito antes de que empiece.
El mes, escrito antes de empezar: qué mañana sale a la luz, y con qué forma.
Antes de encender la cámara, un mapa de texturas, colores y silencios. Ahí se decide la temperatura de todo.
Palabras que hacen ver.
Las palabras que hacen ver, cuando la foto ya dijo lo suyo o cuando la imagen todavía no existe.
Cada pieza en su día, como quien pone la mesa antes de que lleguen.
Quedarse en la conversación después de que la imagen ya salió al mundo.
Qué se quedó. Qué creció.
Leer el mes en voz baja: qué se quedó, qué creció, qué conviene soltar.